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DIOSES SOLARES

El  sol ha empezado a morir. Quizás eso no signifique nada para estos días de luz y pantallas, pero sin duda en tiempos más míticos e inexplicables significa algo. El solsticio de verano es el símbolo que marca la purificación de la humanidad. 

Ese gran astro que lo marca todo. Nuestro calendario, nuestra vida, nuestra manera ser. Todo. El ser humano siempre ha tratado de explicarlo todo. Ahora podemos definir el sol como una estrella que nos da calor, como un astro de plasma o como lo defina la cienca.  Pero lo único cierto es que sigue siendo el dios que nos da vida y luz. De ahí los dioses solares, las distintas encarnaciones que el sol ha tenido a lo largo de los tiempos.

 LOS DIOSES SOLARES, TODOS SON UNO

 Cuando las estrellas eran la última frontera y no sólo bolas de gas consumiéndose a cientos de miles de años luz, el Sol era el dios y la fuente de vida. El dios creador y verdadero. El padre de todo.

Horus fue el primer dios solar o al menos el primer gran dios solar. Iniciador de la civilización egipcia, padre de todo lo que nació en el Delta del Nilo. Con su corona doble y el rostro de halcón. El ideograma de este animal representaba la idea de dios creador. Aún a día de hoy su poder se extiende a través del lenguaje. Horizonte, es decir, Horus se ha alzado. Allí donde el padre sol nace y muere. (Horus has rised)

El hermano, mitológico, fue Seth, el oscuro, representante de noche y la oscuridad. Reverso tenebroso del Padre Sol. Luz y Oscuridad enfrentados en la batalla del amanecer, ganada por las fuerzas celestiales, y del anochecer, donde el inframundo tomaba las riendas. (Sunset en inglés). 

Horus nació el 25 de diciembre y su madre fue una virgen. Su nacimiento fue precedido por una estrella del este y adorado por tres reyes que simbolizaban toda la sabiduría del mundo conocido. A los doce años tuvo el rango de profesor y a los treinta introducido empezó su ministerio seguido por doce apóstoles, como las doce casa que recorre el sol en su viaje anual.  Llamado cordero de Dios o luz del mundo, murió en una cruz y resucitó al tercer día.

Este modelo, que todos conocemos y que tenemos claramente introducido en nuestro ADN cultural, se repite en otros dioses solares como Attis de Frigia también nacido en el solsticio de invierno, de una virgen y muerto en la cruz resucitando al tercer día. Su peculiaridad es que Cibeles le castró para que no pudiese copular y resucitó en forma de trigo que alimentó a sus tierras. 

 La estrella en el este acompañó a Krishna en la India el día de su nacimiento y la cruz acabó con su vida y resucitó. Dionisio, rey de reyes, alfa y omega, muerto en la cruz y resucitó, a través de una mujer que comió el corazón único resto tras un festin de los titanes enviados por Hera. Mithra en persia, nació de una virgen el 25 de diciembre, con 12 discipulos, hacedor de milagros, muerto por tres días y resucitó al tercer día. 

En realidad la lista es extensa, mucho, demasiado para no entender las claves que hay detrás de todo esto. Entre otros se encuentran, Odin, Zoroastro, Indra,  Bali, Mikado, Thor, Quexacoatl, Baldur, cientos, en todas las religiones, en todas las culturas, en todas las regiones del mundo ancestral. 

Y por supuesto el último, y no por ello menos importante pero si el que más repercusión tienen occidente: Jesucristo, nacido de virgen, con una estrella del este que le acompañó, con doce discípulos, hacedor de milagros, cordero de dios, rey de reyes, alpha y omega, que murió en la cruz y al tercer día resucitó. 

NACIMIENTO Y MUERTE ASTROLÓGICOS 

¿Qué impulso humano o divino hay tras todo esto? ¿Qué magia esconde el lenguaje simbólico que ha acompañado al hombre para explicar el sentido del astro rey? ¿Por qué estas características han acompañado a los dioses solares, encarnaciones en nuestro imaginario o fe colectiva, para explicar al dador de vida? 

En realidad la secuencia de nacimiento es completamente astrológica. La estrella del este es Sirius, que durante los solsticios se alinean con el Cinturón de Orión que fue conocida en su tiempo como los Tres Reyes Magos. Curiosamente en el momento en el que nace el sol el 25 de diciembre, estos cuatro astros se alinean con el horizonte, cual saludo al nuevo nacido. 

La virgen, como se puede intuir, es la constelación de Virgo, cuyo símbolo es similar a la letra M. Letra de María o Maya, madre de buda. Precisamente la constalción de Virgo está alineada con el nacimiento del sol el propio 25 de diciembre. Todo se reduce a la viejas constelaciones. 

La muerte durante tres días también tiene una explicación. En el solsticio de invierno el sol se mantiene durante tres días, 22,23 y 24, en su punto más bajo del año. Muerto porque su luz mortecina apenas alimenta el mundo. Curiosamente, o siguiendo los extraños designios cósmicos que tratamos de explicar con la ciencia o interpretar con la religión, durante esas fechas se alinea con la constelación de La Cruz. El día 25 de diciembre, comienza su renacimiento, el sol empieza a alzarse y vuelve a resucitar. 

Por este motivo muere en la cruz, pero al tercer día resucita. De todas maneras el mundo cristiano prefiere celebrar su nacimiento el día que el sol vuelve a crecer, Navidad, y su muerte el día del equinoccio de primavera. ¿Por qué? 

El dia del equinocio, es uno de los dos días del año en que los dos lados del sol, luz y noche, están parejos. Al contrario que en otoño, en esta ocasión el sol vence, es el día de Pascua, el dia que resucita, el Domingo de Resurección. Todo es un ciclo, luz y oscuridad, día y noche, nacimiento y muerte. Está en las estrellas y también en nosotros. Por supuesto está en nuestros dioses. 

MÁS ALLÁ, QUÉ SIMBOLIZAN

Las estrellas pueden explicar toda esta simbología divina que marca nuestro día a día. En realidad la sociedad occidental, que domina medio mundo, se ha sofisticado a través de complejos sistemas religiosos o intelectuales, pero seguimos viviendo dependientes de las estrellas y de los ciclos naturales. Ahora es más complicado todo, más normativo, mas complejo. Pero el sol sigue marcando todo lo que nos rodea. 

Los dioses no son sólo una parte más del ballet cósmico. Su existencia  es necesaria para explicar nuestra propia identidad. Son símbolos existentes, símbolos que representan la realidad humana. 

Entonces qué significa el sacrificio, Odin que muere ahorcado para conseguir las runas, el castigo a Prometeo que muere para traer el fuego al hombre, y la crucifixión de Cristo, el más solar de los dioses, que muere para perdonar a los hombres. 

El sacrifico de los dioses está claro, sirve para salvarnos, para darnos la oportunidad de seguir adelante. Pero no lo hace porque un dios se dejé matar, ni porque acabemos con los más alto que tenemos. Nosotros morimos y resucitamos con ello porque al matar lo mejor de nosotros, que es nuestro dios, también nos sacrificamos nosotros. 

La crucifixión significa degradación, humillación, es una de las muertes más terribles que se pueden desear a un hombre. Matamos a nuestra quinta esencia, a nuestra alma dorada pero somos nosotros los que morimos. Porque incluso en lo peor que hacemos nuestra mejor parte sigue viva y resucita. En nuestras peores y oscuras pesadillas siempre hay un momento de bondad. 

Siempre hay luz tras la oscuridad. Siempre hay un nuevo amanecer.

 
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Publicado por en 25/06/2010 in Mitos

 

Un nuevo microespacio de perfiles, historia y mitos

Hace mucho tiempo que buscamos este microespacio. Dioses y Monstruos ha sido cuidado, mimado y buscado desde hace muchos meses. Es un blog más exigente que los demás, donde la escritura compulsiva tiene poca cabida y es necesario un esfuerzo mayor en materia de documentación y conocimiento general. Otro ojito derecho para el proyecto.

Dioses y Monstruos nace con vocación de convertirse en un microespacio donde se hable de grandes personalidades del pasado desde facetas que quizás sean desconocidas. O incluso personalidades que no sean conocidas. Un poco de historia, un poco de interpretación, un poco de periodismo y mucha curiosidad. La Historia esta llena de todo tipo de esquinas que son muy desconocidas. Esas esquinas vamos a iluminar con nuestras particulares linternas.

Aunque los personajes son la clave de nuestro microespacio, vamos a buscar episodios históricos y también un análisis de los mitos y leyendas sobre los que se fundamenta nuestra cultura. Y también habrá hueco para cultivar el arte periodístico de las necrológicas, para honrar el recuerdo.

Esperamos que os encante.

 
 
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